Pues bien, lo que sucede en el experimento es que el jabón
contiene pequeñas burbujas de aire atrapadas en su interior, donde también hay
vapor de agua. El vapor de agua se calienta, lo que provoca que se expanda y
aumente la presión sobre la pared de la burbuja. Además, como el jabón se
reblandece debido al aumento de temperatura es más fácil que se deforme de la
manera que hemos visto. En definitiva, lo que tenemos aquí es un ejemplo de cambio
físico, en el que no interviene ninguna reacción química.
Todos sabemos que la flotación de un cuerpo en un fluido
depende de la densidad relativa entre ambos. Si el objeto es más denso que el
fluido, éste se hundirá. Si no, flotará. La densidad de una pasa es mayor que
la del agua, y por lo tanto uno espera que se hunda. Sin embargo, al hacer la
prueba en un recipiente con gaseosa o cualquier bebida carbónica observamos el
resultado de este experimento.
¿Qué sucede? La gaseosa no es más que agua a la que se le ha
añadido dióxido de carbono a alta presión (además de otros componentes para
darle ese sabor característico) que hace que se disuelva en el agua. Es
precisamente ése gas el que forma diminutas burbujas en la superficie de la
pasa, que acaban funcionando como flotadores. Cuando la burbuja llega a la
superficie, estalla y la pasa vuelve a hundirse.
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